El fundador del proyecto Solidarhumanity, cuenta cómo nació el proyecto:

“En Noviembre 2000, después haber pasado 7 años en Suiza Alemánica, aterricé en Ginebra y pronto encontré a una serie de personas que me abrieron la puerta al acceso difícil de las ONGs de Derechos Humanos. También monté para un tercero un negocio de comercio justo de importaciones de productos artesanos originando principalmente de India. Trabajé 10 años en una ONG hispano-francófona defensora de los derechos humanos de los pueblos indígenas de África y América Latina, un año en una ONG para los derechos de los niños, un año en Médicos Sin Fronteras Suiza y finalmente dos años y medio por el CICR (Comité Internacional de la Cruz Roja). Algunas de estas organizaciones me permitieron acceso libre a la ONU y ver ese universo desde el interior, un abanico de experiencias enriquecedoras a la vez que duras en algunas ocasiones.

En breve, los derechos humanos generalmente se tienen a la puerta de las ONGs. A menudo los salarios son muy bajos, caracterizadas por condiciones precarias y las competencias requeridas desmesuras. Esto sin olvidar el factor humano, que muchas veces puede sorprender – por decirlo suave – en un ambiente donde uno espera – erróneamente – más conciencia, generosidad, grandeza de alma, madurez.

Sin embargo, estoy muy contento por ser parte del contexto de las ONGs y por haber tenido la oportunidad de contribuir en este a mi manera. La mayoría de la ONGs hace un trabajo remarcable, generalmente con recursos limitados.

En cuanto al contexto, vengo de un ambiente monástico de servicio desinteresado y cuando dejé el hábito de monje para tener una vida “normal”, intenté, por medio de los derechos humanos, combinar mis aspiraciones interiores, intactas, con mi existencia exterior. Con esa experiencia, me enriquecí mucho y aprendí cantidad. Al mismo tiempo, apareció una sensación de inacabado que me condujo a  reconsiderar totalmente mi existencia en Europa, y pensar en el hallazgo de un nuevo modelo. ¿Cuál fue el programa? Perfilar mi destino, aproximándome al terreno para ser útil de una manera concreta.

Se unía a todo mi amor por la moto, la aventura y la pasión de viajar. En un mundo vuelto sobre sí mismo, tuve la intención de colaborar en abrir caminos de comprensión. Hoy el proyecto ha evolucionado y madurado. Las personalidades que me aconsejaron y las instituciones que lo apoyan le dieron una escala que excede la persona detrás de la idea: inspirar reconocimiento y respeto por la rica diversidad cultural de cada pueblo como base para construir una cultura de paz, lo que la UNESCO llama comprensión intercultural.

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