Para los que quieren saber la historia. En el origen de proyectos hay siempre personas. Después, los proyectos crecen, superan a las personas y adquieren su independencia…

Nacido de una madre católica y de un padre judío ambos no creyentes, Jacques Alboher pasó los 4 primeros años de su vida en África subsahariana, entre Dakar y Abidjan, mimado por niñeras africanas.

Cuando más tarde fue de vuelta a Paris, Jacques luchó para encontrar su equilibrio y se sorprendió varias veces implorando a un Dios que no provenía de su educación pero a quién pedía la salvación. Siendo adolecente, descubrió las obras de los filosóficos existencialistas como Jean-Paul Sartre y Karls Jaspers, Los Grandes Iniciados de Edouard Schuré, entre otros. Rápidamente se fue consciente de los límites existentes de esas filosofías y buscó otras.

Así encontró la filosofía de Krishnamurti, que se manifestó en su vida como una revelación. En los bancos del fondo de la clase silenciosamente leyó el libro “Liberarse de lo desconocido”, con la esperanza secreta de liberarse del lastre acumulado en la escuela.

El camino. Dos años antes del bachillerato, se fue a Escandinavia a la búsqueda de filósofos, viviendo aquello que descubre con asombro en los libros. Era la época del “Flower power”, de los hippies, de los Beatles, de las migraciones a la India, de Woodstock, de Ravie Shankar y de las revueltas de Mayo 1968 en Francia. Se marchó con la guitara en la mano, una bolsa, dos libros y 300 francos franceses (unos 50 euros) en el bolsillo.

India. Se percató pronto de que se había equivocado de dirección y que el camino de los “fumadores de hierbas” no iba a apagar su sed. Retomó la ruta en dirección el sur de Europa, y se encontró en Italia con su primer mentor, que iba a abrirle las puertas de la India. Con él descubrió el yoga y empezó aprender las bases de la espiritualidad Hindú, antes de irse finalmente al país. Tenía entonces 16 años e iba a pasar los 8 próximos años de su vida alternando estancias entre Italia e India. En dos ocasiones viajó por las carreteras de la India, con transportes locales, viviendo así una aventura que se convirtió en la raíz del proyecto de su viaje en moto.

Con 24 años, y habiendo decidido vivir una vida normal en Occidente, no pudo resistir en decir un último adiós a la India. Partió en un viaje de algunos meses, que se convirtió en 6 años completos. El quinto año, encontró a un maestro espiritual e hizo sus votos monásticos. Entre todo, se había convertido en un experto en ideología e hinduismo. Había estudiado el sánscrito y las escrituras sagradas hindúes, había leído la Biblia, el Corán y los místicos de algunas religiones.

Retorno. Su maestro le envío de vuelta a Occidente para testimoniar, compartir y poner las bases para los fundamentos de los centros europeos. Volvió a Occidente con 30 años y con la “ropa ocre” de monástico en 1984. Con una vida precaria en Paris, empezó sus primeros conferencias y talleres.

Sacerdocio. Durante 8 años, como portavoz e intérprete de su maestro, extendió en Europa su red independiente de conferencias y talleres en varias lenguas. Sin embargo, confrontado al humano, fue madurando poco a poco y se quitó la ropa monástica para aceptar su humanidad con sus debilidades y sus contradicciones.

 

Retorno a la vida laica. En 1993, con casi 40 años, se reintegró en la vida en sociedad, se casó y se instaló en Suiza. Siete años más tarde, se separó y se fue a Ginebra donde trabajó en distintas organizaciones humanitarias y ONGs de derechos humanos.

En 2014, la idea del proyecto nació en su mente. Dentro de los límites que el complejo mundo actual nos impone, decidió retomar su independencia. En 2019, la creaciòn esta madura y empieza un nuevo ciclo.

Ginebra. Actividad de formación en derechos humanos dedicada a mujeres líderes indígenas de América Latina.

Carrera profesional de Jaques Albohair

 

 

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